Las mujeres siempre hacen esperar

Espíritu Superacion

Perdón por el titular, solo era un pretexto para hablar del tiempo, la esperanza, la escasez y la obediencia. Tal vez un buen puñado de personas se hayan sentido atraídas. Era justo lo que esperábamos. Somos un caso particular de éxito. Compartimos justamente lo que mejor sabemos hacer.

Saber qué es lo que espera cada mujer o cada hombre es un conocimiento valiosísimo. Es la justificación del Big data o de las grandes manipulaciones. Pero no siempre se estudian los deseos para satisfacerlos. Las promesas que hay detrás de ellos son abundantes. Mas no se conceden casi nunca. Así surge el valor, el sometimiento, la obediencia, la perseverancia y la esperanza. Así cobra sentido el tiempo y la voluntad de permanencia. Y viceversa. Dar y recibir promesas es la esencia del juego. El mundo adquiriría más sentido si nos refiriéramos a el de ese modo con más frecuencia. Pero hay gente que no es divertida. O tiene graves dificultades a la hora de encontrarle gracia a las cosas.

¿No es la economía un juego? ¿La sociología, la ciencia? En definitiva, ¿no es hacerle esperar a alguien un juego? Pensemos por un momento en las implicaciones que tiene alimentar un deseo. Llevemos esto, inclusive, al terreno metafísico y absoluto. Si se piensa bien, y hasta ese extremo, no es raro que haya quienes vean este tipo de lógicas poco entretenidas. Al final, todo tiende a un uso y aprovechamiento del tiempo. También los hay que consideran esta conclusión una especie de solución. Que hay que ganar tiempo como sea. Con que objetivo, más allá de «estar aquí y ahora», es otro campo de reflexión.

Desde la originalidad que se le presupone a la cultura oriental parece que las actividades contemplativas constituyen un grado de calidad mucho más elevado. Pero tendríamos también que recurrir al qué. Y paradógicamente a cuestionarnos qué es el qué. Volviendo de nuevo a la red. Y efectivamente, podríamos proseguir con el quién, sin poder dejar de pensar desde las coordenadas maestras de un esqueleto conceptual que pretende investigar más allá de sus posibilidades. También al filósofo podría decirle un cínico que piensa por encima de sus posibilidades. No es de extrañar, pues, que el absurdo cobre a veces tanto sentido.

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