Barreras mentales recurrentes en nuestras sesiones de coaching

Muchas de las personas que contactan con Café Con Coach refieren situaciones personales complejas que les dificultan avanzar hacia sus objetivos.  Y efectivamente, si no fuera por estas dificultades, no habría tenido sentido iniciar las sesiones de coaching. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, hemos detectado algunos tópicos recurrentes en las consultas que mantenemos y que, en última instancia, tan solo constituyen barreras mentales o psicológicas que impiden construir futuros profesionales, emocionales o personales mejores.

No tengo tiempo

Es uno de los clásicos. Es cierto que la sociedad actual funciona a tal velocidad que el tiempo libre apenas existe. Pero los parámetros generales del mundo laboral o familiar no son tan restrictivos como para afirmar la inexistencia de tiempo. Como siempre mantenemos, querer es poder. Quien no quiere, no puede, no encuentra, no diseña una estrategia, orientada al tiempo, cuestión elemental.

Estoy muy cansado

Este argumento también es muy recurrente y generalizado. La velocidad, como decíamos, de la sociedad actual, comprime el tiempo de tal forma que hacemos más cosas en menos tiempo. Y por lo tanto, empleamos más energía y nos cansamos, tanto física como mentalmente. Es por eso que debemos reflexionar en torno al nivel de exigencia que soportamos en nuestro día a día. Es por eso que hay que graduar las obligaciones con las capacidades.

No puedo, no soy capaz

Ya lo hemos dicho. Querer es poder. Una actitud mental débil y derrotista no es el punto de partida apropiado. Y evidentemente una actitud de este tipo no se puede cambiar de la noche a la mañana. Es necesario construir otra mentalidad poco a poco, con pasos aunque inicialmente lentos, firmes, que garanticen y refuercen el nuevo esquema emocional que pretendemos.

Ya soy muy mayor

Otra de las barreras más recurrentes del coaching online de las sociedades modernas. Hemos escuchado razones de este tipo en personas de veinte a treinta años e incluso de treinta a cuarenta. Queremos decir con esto que de partida no hay ninguna edad límite para replantearse una situación personal. Y como resulta evidente, quien a los veinte años, o a los treinta, se autoimpone ya una barrera en lugar de comenzar la senda del progreso, el cambio y la mejora individual, está muy equivocado.

¿Te sientes identificado con estos argumentos? ¡Pero quién no ha razonado en estos términos alguna vez!

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